La Metapsicología Lacaniana: Los Tres Registros y el Estadio del Espejo

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La Metapsicología según Lacan

Lacan define la metapsicología en base a los tres registros a partir de los cuales el sujeto se estructurará.

Registro Imaginario

Se refiere a un yo ideal, que da la imagen de un yo unificado omnipotente que busca satisfacer la pulsión. Sin estas primeras formas de humanización, no se darían las condiciones narcisistas mínimas como para una posterior constitución subjetiva, es decir que es necesario que el yo esté en ese lugar. Para evitar patologías del orden de la psicosis, estados pasionales y enamoramientos, estos modos deben ser transformados a un narcisismo simbólico.

Registro Simbólico

Es la creación de una tercereidad, que regula los lugares de la dualidad imaginaria. Aparece un tipo de objeto que está envuelto en una cubierta simbólica e imaginaria que solo hace alusión a lo real de la pulsión.

Registro Real

Difiere del concepto de realidad y se acerca más al de lo imposible. Es aquello que no es imaginable y que no se puede simbolizar, pero que está incidiendo permanentemente.

El Estadio del Espejo

Relaciona el primer momento de la formación del yo con la experiencia narcisista que denomina estadio del espejo, el cual define una identificación fundamental en el niño pudiendo conquistar la imagen de su propio cuerpo, dando lugar a la estructuración de su yo y dándole fin a la fantasía de cuerpo fragmentado.

La función del estadio del espejo es que el niño pueda establecer una relación del organismo con su realidad. La conquista de identidad se da a nivel del registro imaginario.

El Complejo de Edipo en Lacan

Se circunscribe alrededor de la metáfora del nombre del padre, que se articula con la función fálica del complejo de castración. En la metáfora del nombre del padre se reemplaza el significante fálico (es decir, el deseo de la madre) por el significante del nombre del padre (padre simbólico), que es el que tiene el falo e impone la ley que frena el deseo pulsional de estar con mamá.

El falo dimensiona la posición del sujeto con respecto al otro. Es un doble significante: por un lado es la falta y por el otro se refiere al deseo. El complejo de edipo es normalizador y también nodal, es decir que va a estructurar al sujeto. No hay diferencia de sexos y la salida es asumir la castración.

Lacan define el Complejo de Edipo en tres tiempos lógicos:

Primer Tiempo: El infante es el objeto de completud de la madre

El niño trata de identificarse con el objeto de deseo de la madre y se hace objeto susceptible de satisfacer la falta del otro, que es el falo (es decir, el niño es el falo de la madre). Para Lacan siempre hay un padre, pero en este primer tiempo está velado, tapado.

Segundo Tiempo: Encuentro con la ley del padre

El padre que estaba velado sale y aparece con la ley. El padre interviene como privador en un doble sentido: priva al niño del objeto de deseo y a la madre del falo. Este padre aparece como un padre frustrador que prohíbe la satisfacción de la pulsión, y es un padre imaginario al cual el niño le teme y renuncia a su identificación fálica, aceptando que no es el falo y tampoco lo tiene.

Tercer Tiempo: Declinación del Complejo de Edipo

Es el paso a la exogamia: momento en que se simboliza la ley, es decir que el niño la entendió. El padre es quien tiene el falo, lo que permite que el niño deje de ser el falo de la madre para poder tenerlo. En esta etapa el niño se identifica con el padre por tener pene y la niña con la madre, pero va a ir en busca de un hombre que tenga el falo.

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