La Hermenéutica: Historia, Filosofía y Comprensión del Lenguaje

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La Hermenéutica

La palabra “hermenéutica” hace referencia al arte o técnica de interpretación de textos. Hasta el siglo XIX era una teoría sobre los métodos más adecuados de interpretación (textos bíblicos, jurídicos y literarios), que intentaba encontrar normas para facilitar la comprensión de tales textos. Schleiermacher amplió el ámbito de la hermenéutica, al ir más allá de la búsqueda de técnicas específicas para la comprensión, y plantear el problema de comprender. Dilthey culminará el proceso de acercamiento a la filosofía. La comprensión es el método propio de las “ciencias del espíritu” (ciencias sociales y humanas), y equiparable al método explicativo de las ciencias naturales. Procuró otorgar un estatuto de igualdad con las ciencias de la naturaleza.

Heidegger introdujo la hermenéutica en la ontología, al hacer de la interpretación no un método específico, sino el rasgo original de la vida humana; comprender es la forma de ser propia de los seres humanos. Al contrario de lo que postulaba la filosofía analítica, según Heidegger, la tarea del filósofo no es el análisis del lenguaje; su problema es el ser.

Hans-Georg Gadamer (1900-2002)

Discípulo y continuador de Heidegger, se inspiró en su concepción ontológica del comprender. Lo real, los seres y las cosas no son meros datos comprobables y medibles; la interpretación nos acerca a ellos. La realidad es la historia de sus interpretaciones, su ser consiste en ser interpretado.

El punto de partida es responder a la pregunta: ¿cómo es posible la comprensión? Lo primero es que todo lo que comprendemos tiene una mediación ineludible: el lenguaje. La experiencia hermenéutica es una experiencia lingüística. Se interpreta el mundo desde el lenguaje, porque es el lenguaje el espacio donde lo real se nos ofrece. Las cosas no son nada en sí mismas; el ser humano se apropia de las cosas, las hace suyas en el lenguaje, al interpretarlas y al comprenderlas. Esto sólo puede darse en la interpretación.

El concepto de verdad no es el de las ciencias de la naturaleza. No llegamos a comprender desde la absoluta soledad, sino a través del diálogo y la comunicación, ya que el sentido del mundo es un “sentido compartido”. Antes que nada, el lenguaje se realiza en la conversación. Nos da la posibilidad de relacionarnos con otros; no sólo de intercambiar información, sino también de aproximarnos. El lenguaje permite que nos encontremos, dada la necesidad que el ser humano tiene de diálogo, de entrar en conversación y comunicación con otros, de salir de su soledad.

La estructura básica de la conversación contiene preguntas y respuestas. Describe el esqueleto del diálogo entre personas y constituye la base de la interpretación del pasado. La tradición y el pasado son el otro al que debemos preguntar adecuadamente para alcanzar la comprensión hermenéutica. Cuando leemos un texto escrito hace siglos, debemos estar abiertos a lo que dicho texto nos puede decir, dispuestos a escucharlo. Lo que importa no es lo que pensaba el autor. Los textos nunca se agotan y siempre muestran nuevos aspectos.

Antes de nosotros, los textos fueron entendidos de manera muy distinta a como los interpretamos hoy; tampoco nuestra interpretación agotará sus sentidos, pues en el futuro otros entenderán sus obras de forma diferente. Comprender un texto es comprender la pregunta a la que quiso responder quien lo escribió. Un acontecimiento histórico sólo se comprende cuando se reconstruye la pregunta a la que quisieron responder las personas que intervinieron en él. Queda patente el carácter procesual e histórico de la comprensión, así como la condición que hace posible tal comprensión: el lenguaje, puesto que es lo que hay en común entre el lector y el texto.

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