Deutsches Requiem: Análisis de Borges sobre el nazismo
Deutsches Requiem
Trata sobre Otto, un alemán nazi que cuenta su historia durante el Tercer Reich y que simboliza a Alemania. Narra en primera persona que, al día siguiente, iba a ser ejecutado por todo lo que había hecho (torturas, matanzas, etc.), pero que no se arrepentía de nada. Mata a David Jerusalén, quien representa a los judíos. Aquí hay una contraposición entre Alemania y Jerusalén, típicamente borgiana.
También habla de su linaje: sus mayores tuvieron que ver con la historia de Alemania (personajes importantes) y habían sido todos héroes militares. La frase “la sombra militar de mis muertos” se relaciona con “el amenazado”, y “el culto idólatra” se relaciona con “el centinela”. Otto es descendiente de personajes importantes, otra marca borgiana.
Un hombre de cultura que cambió su vida
Otto amaba las letras; era un hombre de culto. Amaba la música y la metafísica (la filosofía y la métrica), y en su vida había dos pensadores. Pero a los 19 años hubo un cambio, típicamente borgiano. Tuvo que cambiar porque llegaban nuevos tiempos y él debía estar a la altura de ese nuevo orden. Por ello, tuvo que renunciar a lo que en verdad amaba (la música y la filosofía) para volverse nazi.
La moral del nuevo hombre
“El nazismo, intrínsecamente, es un hecho moral, un despojarse del viejo hombre, que está viciado, para vestir el nuevo. En la batalla esa mutación es común, entre el clamor de los capitanes y el vocerío; no así en un torpe calabozo, donde nos tienta con antiguas ternuras la insidiosa piedad. No en vano escribo esa palabra; la piedad por el hombre superior es el último pecado de Zarathustra”.
“Muchas cosas hay que destruir para edificar el nuevo orden; ahora sabemos que Alemania era una de esas cosas. (…) Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas”, es decir, eliminar la piedad.
¿En qué medida el arte nos hace mejores personas?
El arte nos permite ponernos en la piel del otro; cuando no se puede ver el punto de vista del otro, se es un monstruo. Los alemanes tenían que eliminar esto, el arte y la empatía, para "curar" a la sociedad (eliminar a todos los judíos). Al hacerlo, no humanizaban a los judíos y por eso podían matarlos tan fácilmente. No podían interpretarlos desde su punto de vista.
El nazismo y la creación de un hombre nuevo
El nazismo pretendía crear un hombre nuevo, que viviera para los demás, que no fuera el hombre individualista de antes. Querían anular al individuo en favor de un fin superior (el Estado, Alemania). Buscaban despojarse del viejo hombre, que estaba viciado, para vestir el nuevo.
El campo de concentración y la pérdida de Otto
Otto va al campo de batalla a matar, pero lo hieren en la pierna, lo que provoca que lo nombren subdirector del campo de concentración y lo envíen allí donde están todos los judíos, en condiciones más inhumanas. Esto es más difícil que estar en el campo de batalla, ya que en la batalla solo se mata: no se convive, no se ve a las víctimas todos los días, y es un enfrentamiento en el que, si no se mata, se es matado.
Para estar en el campo de concentración, Otto tiene que matar una parte de sí mismo (su lado artístico, su empatía, su humanidad), porque convive con personas que no hicieron nada malo y, sin embargo, son prisioneros a punto de morir. Por eso, cuando mata a David Jerusalén, Otto muere con él. Es decir, Alemania muere con todo lo que hizo y con toda la maldad: se convierte en un monstruo.
Hitler y la destrucción de sí mismos
Hitler pensaba que luchaba para engrandecer a Alemania, pero, si el nazismo era neoliberalismo, quería erradicar una enfermedad: a los débiles, a los judíos. En su lugar, erradicó la empatía y la sensibilidad. En realidad, los débiles nunca fueron los judíos, sino los propios nazis, que se destruyeron a sí mismos. Para que llegara un mundo mejor (un nuevo orden), no sabían que Alemania tendría que sacrificarse, y lo fue.