David Hume y el Empirismo: Teoría del Conocimiento

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El empirismo británico

El empirismo se desarrolló en las islas británicas durante los siglos XVII y XVIII, representado principalmente por Locke, Berkeley y Hume. Sostiene que la única fuente de conocimiento es la experiencia y se centra en estudiar el origen y la evolución de este.

Afirma que la mente y el entendimiento humano son una «tabla rasa» sobre la cual la experiencia va registrando datos. Por ello, niega rotundamente la existencia de ideas innatas y descarta el conocimiento con validez universal y necesaria en el ámbito factual. Establece límites más allá de los cuales no es posible conocer: la evidencia sensible o la experiencia. Centra su actividad en las ciencias naturales y rechaza la metafísica, adoptando el modelo de la física de Newton y el método inductivo.

Racionalismo frente a empirismo

Puntos de coincidencia

  • Búsqueda de un método único.
  • Establecimiento de un enfoque crítico que sitúa como primera cuestión a resolver el problema del conocimiento.
  • Tendencia de carácter idealista.
  • Afirmación de la autonomía moral.

Diferencias fundamentales

  • Racionalismo: Parte de la razón como fuente fiable; emplea el método racional deductivo a priori; toma como referencia el modelo matemático; defiende la realidad objetiva de las ideas; acepta los conceptos de causalidad y sustancia (Yo, Mundo, Dios); concibe un paso directo de las ideas a la realidad; sitúa la base del conocimiento en las ideas innatas; y confía en la posibilidad de conocer el mundo físico.
  • Empirismo: Establece la experiencia sensible como única fuente; utiliza el método experimental inductivo a posteriori; adopta el modelo de la física; niega las ideas innatas; afirma que las ideas no tienen realidad independiente; critica los conceptos tradicionales de causalidad y sustancia; rompe el vínculo ontológico de las formas; y sostiene que solo podemos alcanzar un conocimiento probable.

El origen y los elementos del conocimiento

Según Hume, todo lo que se encuentra presente en la conciencia es efecto de la percepción, la cual se divide en:

  • Impresiones: Conocimiento adquirido por medio de los sentidos. Son datos inmediatos de la experiencia y causa directa de las ideas; resultan pasivas, más vivas y fuertes que las ideas, y siempre son anteriores a ellas.
  • Ideas: Copias debilitadas de las impresiones en el pensamiento producidas por la imaginación. Son activas y posteriores a las impresiones (Ejemplo: ver el aula es una impresión; recordarla o imaginarla es una idea).

Tanto las impresiones como las ideas pueden ser:

  • Simples: No admiten separación ni descomposición (por ejemplo, el color azul).
  • Complejas: Pueden descomponerse y distinguirse en partes (por ejemplo, una manzana).

Las ideas proceden de la memoria o de la imaginación.

Leyes de asociación de la imaginación

La imaginación rige el tránsito entre percepciones a través de tres leyes fundamentales:

  1. Semejanza: La imaginación transita de una idea a otra similar (por ejemplo, observar que todos los metales se dilatan con el calor).
  2. Contigüidad: La mente pasa de una idea a otra contigua en el espacio o en el tiempo (por ejemplo, asociar la ciudad de Burgos con el río Arlanzón).
  3. Conjunción constante entre causa y efecto: La imaginación conecta la idea del efecto con la de la causa (por ejemplo, asociar la visita al dentista con la sensación de dolor).

Tipos de juicios y el valor del conocimiento

El conocimiento se agrupa en dos categorías principales:

  • Relaciones de ideas: Proposiciones cuya verdad se alcanza mediante la razón sin recurrir a la experiencia sensible. Son propias de las ciencias exactas; constituyen juicios necesarios, universales, analíticos y representan un conocimiento seguro (por ejemplo: «el todo es mayor que las partes»).
  • Cuestiones de hecho: Conocimiento inseguro y empírico basado en impresiones. Comprende los juicios de la física y de las ciencias naturales; su verdad depende enteramente de la experiencia. Son afirmaciones contingentes (no necesarias), probables e individuales (por ejemplo: «el sol va a salir mañana»).

El valor del conocimiento se asienta en la experiencia como origen y límite: para validar cualquier concepto, es imperativo comprobar si proviene de una impresión sensible genuina.

Crítica a la idea de causalidad

Dado que la experiencia es la única fuente de certeza y la evidencia sensible es el criterio de verdad, Hume rechaza el concepto tradicional de causalidad. No existe ninguna impresión que sustente la idea de conexión necesaria, más allá de la relación que la imaginación establece entre dos fenómenos percibidos de forma sucesiva (por ejemplo, si llueve, me mojo).

Entre los fenómenos percibidos concurren tres factores:

  • Prioridad temporal: La causa siempre precede en el tiempo al efecto.
  • Contigüidad espacio-temporal: La causa y el efecto coinciden en un espacio y se suceden en el tiempo.
  • Conjunción constante: Ambas impresiones aparecen unidas repetidamente en el pasado (al llover, el suelo siempre se moja).

Esto no demuestra una causalidad necesaria, pues solo constata una conexión en el pasado y presente. Surge así la costumbre o hábito, que induce a suponer que la misma secuencia se reproducirá en el futuro. Por ello, la certeza sobre el porvenir es una creencia y no un conocimiento demostrativo. Las ciencias basadas en el principio de causalidad formulan enunciados meramente probables y dudosos, asentados en un sentimiento psicológico.

La creencia es un sentimiento particular que opera en tres fases:

  1. Punto de partida en una impresión presente.
  2. Hábito provocado por un conjunto reiterado de impresiones pasadas.
  3. Traslación de la creencia hacia la expectativa de un resultado futuro.

Crítica a la idea de sustancia

Para Hume, la sustancia es una construcción ficticia de la imaginación fundada en la asociación de ideas simples; carece de validez científica al no derivar de impresiones externas ni internas. Hume dirige su crítica contra los tres conceptos metafísicos fundamentales:

  • Mundo (res extensa): Niega su existencia independiente porque no es lícito afirmar la realidad de nada que se halle más allá de las impresiones sensibles directas.
  • Dios (res infinita): Rechaza su demostración racional por carecer de impresiones empíricas de las que proceda y por desconocerse el origen sensible de dicha idea.
  • Yo (res cogitans): No existe una impresión constante y permanente del «yo». La mente es únicamente una colección o haz de impresiones sucesivas en perpetuo flujo, unificadas por la memoria, y no una sustancia inmutable.

La ética de David Hume

Hume explica la moral humana a partir del análisis del conocimiento y de los afectos. Define las pasiones como impresiones internas que derivan de las ideas, clasificándolas en:

  • Directas: Surgen inmediatamente del dolor o del placer (como el deseo y el temor).
  • Indirectas: Conllevan una relación reflexiva con otros elementos (como el orgullo o la generosidad).

La voluntad humana es producto de las pasiones y la libertad se encuentra limitada por la necesidad natural. En este esquema, la simpatía (o empatía) desempeña un papel clave: juzgamos una acción como buena o mala en función de su utilidad para la comunidad y para uno mismo (emotivismo moral).

Influencia en autores posteriores

  • Immanuel Kant: Influenciado directamente por Hume al confesar que este lo despertó de su «sueño dogmático». Si bien concuerda en que el conocimiento comienza con la experiencia, Kant defiende que requiere elementos a priori aportados por la razón, rechazando el escepticismo radical humeano pero reconociendo su impacto decisivo.
  • Auguste Comte: Recibe el influjo empirista para fundar el positivismo, sosteniendo que únicamente los hechos verificables mediante la experiencia pueden considerarse conocimiento científico.
  • John Stuart Mill: Desarrolla el utilitarismo, fundamentando las diferencias morales en los sentimientos inmediatos de agrado o desagrado derivados de la acción humana.
  • Karl Popper: Coincide con la crítica de Hume a la inducción y cuestiona la fiabilidad del método inductivo para garantizar el progreso y la verificación científica.

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