Racionalismo frente a empirismo: Locke y Hume explicados
Racionalismo y empirismo
El racionalismo se caracteriza por dos afirmaciones fundamentales:
- Se puede construir el conocimiento deductivamente en su totalidad a partir de primeros principios evidentes.
- Estos primeros principios evidentes son innatos, sin mediar la experiencia sensible.
Por el contrario, el empirismo sostiene que el origen y el valor de nuestro conocimiento dependen exclusivamente de la experiencia; por tanto, niega que existan principios innatos.
Puntos en común
- El sujeto: se sitúa en el centro del concepto y desarrollo de la teoría del conocimiento.
- Objetivo: ambas corrientes intentan explicar el origen del conocimiento.
- Método: consideran que el modo más rápido y directo de conocer es la intuición.
Diferencias principales
- El sujeto cognoscente: para los empiristas, el sujeto cognoscente está subordinado a la experiencia y depende de los sentidos. Para los racionalistas, el sujeto es la base fundamental que funda el conocimiento.
- Concepción de la conciencia: los empiristas conciben una conciencia desustancializada y muestran un sujeto pasivo en la recepción del conocimiento. Para los racionalistas, la conciencia es una sustancia con contenidos innatos.
- Papel del pensamiento: en el empirismo, el pensamiento depende de la sensibilidad que le proporciona contenidos. Para el racionalismo, el pensamiento es autónomo y autosuficiente para juzgar la validez del conocimiento.
- Contenido del conocimiento: para el racionalismo existen ideas innatas, mientras que para los empiristas todo contenido mental se adquiere mediante la experiencia.
Crítica al innatismo de John Locke
Para John Locke no existen principios innatos en el entendimiento humano. El empirismo puede definirse como la teoría que niega la existencia de conocimientos innatos y afirma que todo saber procede de la experiencia. De este modo, al nacer, nuestra mente es como una página en blanco (o tabula rasa) sobre la cual se escribe a través de la experiencia sensible.
En su obra, Locke intenta refutar el innatismo preguntándose qué fundamentos tiene realmente. Para Locke no existen conocimientos específicos innatos ni principios universales (los denominados inteligibles innatos). Asimismo, se muestra profundamente crítico con la postura de que poseemos estos principios por naturaleza: argumenta que el simple hecho de que ciertas verdades sean aceptadas de forma general no demuestra que sean innatas, pues de ser así, nuestra mente estaría siempre colmada y consciente de esos conocimientos innatos desde el nacimiento.
Crítica a la causalidad de David Hume
David Hume somete a crítica la idea de conexión causal a través de tres puntos:
- a) Conocimiento de hechos: nuestro conocimiento fáctico queda limitado a las impresiones actuales y a los recuerdos de estas. Por consiguiente, no podemos tener conocimiento certero sobre hechos futuros, ya que carecemos de impresiones del porvenir y de lo que aún no ha sucedido.
- b) Conexión necesaria: no poseemos ninguna impresión sensible directa acerca de la supuesta conexión necesaria entre la causa y el efecto. Hume observa que habitualmente concebimos la relación causal como un vínculo inevitable entre dos acontecimientos.
- c) Hábito y costumbre: al analizar la supuesta conexión necesaria, Hume advierte que no corresponde a ninguna impresión real; lo único observable en la naturaleza es una sucesión constante y regular de fenómenos. Por ende, afirma que la certeza de causalidad procede únicamente de la costumbre o el hábito mental.
Crítica a las nociones de Dios y del Yo (Hume)
- a) Dios: tradicionalmente se recurría al principio de causalidad para afirmar la existencia de Dios como causa primera. Hume descarta esta justificación porque da un salto injustificado desde las impresiones sensibles hacia Dios, quien no es objeto de ninguna impresión sensorial posible.
- b) El Yo (la identidad personal): el «Yo» no constituye una impresión particular en sí misma, sino el supuesto centro al que remitirían todas nuestras impresiones. Si una idea originara la impresión del Yo, esta debería permanecer idéntica e invariable a lo largo de toda nuestra vida para garantizar dicha existencia continua. Sin embargo, no existen impresiones constantes e invariables: los pensamientos y percepciones se suceden unos a otros en flujo constante y jamás se manifiestan todos de forma simultánea.