Personajes de Max Estrella y Don Latino en Luces de Bohemia
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Por otra parte, Luces de Bohemia manifiesta una honda disconformidad con la España de la época, lo que la aproxima a las preocupaciones de los noventayochistas. En esta obra nadie se libra de la crítica: el gobierno, los empresarios, las fuerzas del orden e incluso los obreros son retratados como una masa brutal, inculta e incapaz de producir la regeneración.
También se relaciona con el 98 la renovación literaria experimental, que intenta superar la comedia burguesa de Jacinto Benavente. Valle-Inclán no duda en acercarse a modelos teatrales considerados menores, como el sainete o el astracán. Serían igualmente propios de los autores de la Generación del 98 el uso predominante de la prosa, la primacía del diálogo sobre la acción y la recuperación de localismos, arcaísmos o gitanismos. En cambio, la función poética de las acotaciones nos permite relacionar esta tragedia con la estética modernista.
Los personajes de Max Estrella y don Latino en Luces de Bohemia
Luces de Bohemia es el primer esperpento valleinclanesco, publicado en 1920 en la revista España. Es una obra por la que transitan más de 50 personajes, a los que el propio autor calificó de "enanos" o "patizambos" que juegan una tragedia. De todos ellos sobresalen Max Estrella y don Latino de Hispalis.
Max Estrella: el héroe clásico convertido en fantoche
Valle-Inclán elabora los rasgos básicos y biográficos del protagonista a partir de la figura de Alejandro Sawa, periodista andaluz amigo del autor que murió en 1909 y que ha sido considerado como una personificación de la bohemia. Sus similitudes con Max Estrella son numerosas: ambos eran escritores, estaban casados con mujeres francesas y murieron ciegos, locos y en la más absoluta miseria tras recibir una carta en la que se les prescindía de sus servicios en el mundo del periodismo.
Nuestro protagonista, descrito como un héroe clásico, es un poeta frustrado cuya obra no ha obtenido éxito, por lo que no gana lo necesario para subsistir. Max puede entenderse como un alter ego de Valle-Inclán, dado que sus discursos reflejan muchas de las opiniones, valoraciones y críticas que el autor sostenía sobre la sociedad española.
Max es un personaje extremadamente complejo y lleno de contradicciones. Su ceguera no le impide ver el sufrimiento del pueblo y las injusticias. Sin embargo, su carácter no está exento de incongruencias: como hemos afirmado, es crítico y denuncia la tiranía, pero también sucumbe al poder al aceptar una paga del ministro que gastará en champán mientras su familia sufre penalidades. Es decir, censura la corrupción política, pero acepta una pensión vitalicia.
Max Estrella podría haber llegado a ser un personaje trágico, pero la sociedad es tan cruel y grotesca que convierte su vida heroica en una existencia patética y absurda. Su degradación se refleja en la muñequización.
Don Latino: el reverso degradado de la bohemia
En cuanto a don Latino, puede esconderse tras el asiduo acompañante de Max Estrella; podría ser cualquiera de los modernistas con los que convivía Alejandro Sawa. Este personaje fundamental debe entenderse como un desdoblamiento del protagonista: si Max simboliza la bohemia heroica, modernista y rebelde, don Latino es reflejo de la degradación de esa bohemia, que ha perdido la pureza de sus ideales y se ha corrompido.
Se le puede definir como una persona inmoral, un parásito, un ser ruin y mezquino. No olvidemos que don Latino estafa a Max, lo abandona moribundo en el portal de su casa, le roba la cartera y el décimo de lotería premiado. Según la crítica, don Latino reúne varias personalidades simbólico-míticas: la de Virgilio guiando a Dante-Max por los infiernos madrileños, la de un Sancho Panza que acompaña a su dueño o la de un lazarillo engañando a su sucio amo.
Una galería de personajes inspirados en la realidad
En resumen, en Luces de Bohemia encontramos gran cantidad de personajes de procedencia diversa: inspirados en la vida real, como Max Estrella; de origen literario, como el marqués de Bradomín; de existencia real, como Rubén Darío; o de ficción, como Pica Lagartos o Enriqueta la Pisabién. La estética del esperpento provoca que dichos personajes sean deformados de diversos modos hasta convertirlos, en muchos casos, en auténticos fantoches y peleles.