Parménides y Heráclito: El Ser, el Cambio y los Orígenes de la Metafísica

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Según él, el cambio es imposible y el movimiento una ilusión. Parménides toma al ser como elemento de argumento, definiéndolo como «lo que es», es imperecedero, finito, continuo, único, indivisible e inmóvil. A su vez, él dice que la apariencia oculta la verdadera realidad. Fue un filósofo griego que nació entre el 530 a. C. y el 515 a. C. en la ciudad de Elea. Siempre fue considerado como el opuesto a Heráclito. Este es considerado el primero en tratar la metafísica, ya que se mueve en las abstracciones. «El ser es, el no ser no es». Él habla del ente, del ser («el ser en cuanto ser») y sus características.

Influencias

Pitagóricos: misteriosos, formados por astrólogos, músicos, matemáticos, etc. También encontramos un símbolo pitagórico: «en la vida hay encrucijadas donde debemos elegir un camino».

El cambio como mezcla entre el ser y el no ser

El cambio se concibe como una mezcla entre el ser y el no ser, como un tránsito entre opuestos. El problema es que no puedes no ser, porque el no ser no es nada. Solo existe lo que es.

Parménides, ciencias formales: estudian entes ideales, lógica, matemática.

Antes del advenimiento de la ciencia moderna, muchos de los problemas que hoy nos parecen propios de la ciencia eran abordados desde la filosofía.


Heráclito de Éfeso

Todo cambia; hasta las cosas aparentemente más duraderas están sujetas al cambio. Él reconoce al fuego como principio del cambio, una sustancia en permanente transformación. Si no hubiera cambio, la realidad se desestructuraría y perecería. «En los mismos ríos penetramos y no penetramos, estamos y no estamos, somos y no somos». El río es el mismo, pero las aguas van cambiando constantemente, junto con quien lo penetra.

La dialéctica del amo y del esclavo

No, no es posible, ya que el deseo de esas dos personas va a ser el querer reconocimiento del otro, el buscar sentirse superior. Esa oposición se resuelve cuando uno de ellos tiene más temor a la muerte que deseo de ser reconocido por la contraparte; a su vez, la contraparte va a desear mucho más fuerte ser reconocida, más allá del temor a la muerte. Esta es la dialéctica del amo y del esclavo de Hegel: el esclavo sería aquel que sobrepuso su vida al deseo, y el amo, el que sobrepuso su deseo ante su vida.

Ciencia y metafísica

La ciencia es la búsqueda de respuestas ante los porqués del hombre, de la naturaleza y del mundo; es decir, de los fenómenos, de los seres y objetos de la vida que nos rodea.

La metafísica, en cambio, pretende la búsqueda de aquello que está más allá de lo físico; se mueve más en las abstracciones. La ciencia es como un témpano de hielo flotante en el océano sobre el cual el hombre construye: es lo que el hombre concibe como su realidad, y el océano sería la metafísica, todo aquello para lo que el hombre no encuentra una respuesta precisa. Pero no podemos olvidar que las bases del témpano son de hielo: está formado del mismo océano incomprendido por el hombre. Es decir, que toda nuestra realidad es artificial. «La ciencia es metafísica solidificada». El estado natural del conocimiento humano es de confusión luminosa, y de esa necesidad surge la búsqueda de un conocimiento sólido para comprender la realidad.

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