Nazaret en la época de Jesús: vida rural, familia y honor
Nazaret en la época de Jesús
En la época de Jesús, Nazaret era un pequeño pueblo en las montañas de la baja Galilea. Estaba a unos 340 metros de altura, en una ladera, lejos de las grandes rutas, en la región de Zabulón. Había una quebrada que conducía a un lago, y no había verdaderos caminos entre las aldeas, solamente el más utilizado, que llevaba a la capital de Galilea.
En las pendientes más soleadas se hallaban casas diseminadas, y en las terrazas se cultivaban viñas de uva negra. En las partes rocosas crecían olivos, en los campos trigo, cebada y mijo, y en las sombras, verduras y legumbres. En este entorno Jesús se movió durante sus primeros años. Nazaret era una aldea de apenas 200 a 400 habitantes y nunca aparece mencionada en ningún libro.
Condiciones de vida
Algunos vivían en cuevas excavadas en las laderas; la mayoría, en casas bajas y primitivas. Muchas tenían en su interior cavidades subterráneas para almacenar agua o guardar el grano. Las casas daban a un patio compartido por tres familias del mismo grupo, donde se realizaba buena parte de la vida doméstica: allí las mujeres molían el grano y preparaban el pan.
En las ciudades llamaban a los habitantes de las aldeas rurales "gente de campo" y decían que eran personas ignorantes. Esta era la impresión que se tenía del pueblo de Jesús y de sus habitantes.
Alimentación y esperanza de vida
El hambre era una amenaza real en tiempos de sequía severa o mala cosecha. Las familias hacían todo lo posible por alimentarse de los productos de sus tierras. Su alimentación era principalmente pan, aceitunas y vino; tomaban judías o lentejas acompañadas de alguna verdura y, en alguna ocasión, pescado salado o carne. La esperanza de vida llegaba hasta los 30 años.
Las grandes preocupaciones: subsistencia y honor
Dos eran las grandes preocupaciones de estos campesinos: la subsistencia y el honor. La subsistencia hace referencia a que las familias, en caso de necesidad, debían recurrir a sus vecinos y conocidos para sobrevivir. El hambre era un verdadero problema, ya que había que alimentar a la familia. Allí apenas había dinero: más bien se intercambiaban productos o se pagaba con ayuda temporal.
Dejando de lado a algunos artesanos de la construcción y a algún alfabeto, todos en Galilea se dedicaban al trabajo de campo. Según la Misná, entre los judíos el trabajo estaba organizado: la mujer trabajaba duro dentro de la casa y los hombres trabajaban fuera del hogar. Probablemente en estas aldeas no era así: en tiempo de cosecha, toda la familia iba a la recolección, incluidos mujeres y niños. Las mujeres también cargaban leña y agua, y los hombres tejían o reparaban calzado.
Jesús conocía bien este mundo campesino: sabía el cuidado que hay que tener para arar, conocía el trabajo y se fijaba en que el grano ha de quedar bien enterrado para que pueda germinar, entre otras cosas.
Junto a la subsistencia estaba el honor de la familia. La reputación lo era todo; era clave mantener el honor y la posición del grupo familiar sin permitir que otros lo dañaran. Jesús puso en peligro el honor de su familia cuando la abandonó: su vida de vagabundo, lejos de su hogar y sin trabajo, era una vergüenza para ella.
Jesús y la vida doméstica
Jesús vivió en estas humildes casas y lo captó todo. Sabía por dónde entrar a las casas y dónde colocar un candil para que alumbrara todo el interior. Había visto a mujeres barriendo en busca de una moneda, vio a su madre elaborando la masa para el pan, observó cómo los niños pedían a sus padres pan o un huevo, y conocía los favores que se hacían los vecinos, entre otras cosas. Más adelante, cuando recorra Galilea invitando a una experiencia nueva de Dios, esta cercanía con la vida cotidiana le será de gran ayuda. Para entender a Jesús no es necesario tener conocimientos especiales.
Jesús y la naturaleza
A los pocos años, Jesús se animó a moverse por su aldea y se fijó enseguida en los animales que podía haber: gallinas, perros, palomas, serpientes. Vivir allí era como vivir en el campo. Jesús creció en la naturaleza, y la abundancia de imágenes y observaciones que tomó muestra que el hombre sabe captar la creación. Se fijó en muchas cosas: pájaros, las anémonas rojas, ramas de higueras. No vivía ajeno a la naturaleza; más adelante invitaría a la gente a ir más allá de lo que ven.
La importancia de la familia
La familia lo era todo. Fuera de ella, el individuo quedaba sin protección ni seguridad. Esta familia no se reducía al pequeño hogar formado por padre, madre e hijos, sino que se extendía a todo el clan familiar. Jesús estaba integrado en una familia más extensa: se decía que tenía cuatro hermanos y algunas hermanas, cuyos nombres no se conocen. En una aldea como Nazaret, la familia extensa de Jesús podía constituir una buena parte de la población. Por eso, dejar la familia era algo extraño y arriesgado. Llegó un día en que Jesús lo hizo: buscaba una familia que abarcara a todos los hombres y mujeres con la voluntad de Dios.
Existían dos aspectos: la autoridad patriarcal, que lo denominaba todo, y la autoridad del padre, que era absoluta. Él negociaba el matrimonio y decidía el destino de las hijas, organizaba el trabajo y defendía los deberes.
Las mujeres en Nazaret
La mujer era apreciada por su fecundidad y su trabajo en el hogar, y apenas tomaba vida social en la aldea. No se sentaba a la mesa de los banquetes en los que había invitados. Nunca estaban solas: siempre pertenecían a alguien, pasaban del control de su padre al de su esposo, y el padre podía venderlas como esclavas. Más tarde, Jesús defenderá a las mujeres de la discriminación, las acogerá entre sus discípulos y adoptará una postura rotunda frente al repudio decidido por los varones.
La infancia
Como todos los niños de Nazaret, Jesús vivió sus primeros 6 a 8 años bajo el cuidado de su madre. En Galilea los niños eran los más débiles y vulnerables: sufrían las consecuencias del hambre y la enfermedad, y la mortalidad era alta. Eran los más apreciados y queridos, también los huérfanos, pero su vida era especialmente dura y difícil. A los 8 años, los varones eran introducidos en el mundo autoritario de los hombres, donde se les enseñaba el cultivo y la agresividad sexual.